Hoy se cumple un año más de aquél fatídico momento, en el que miles de estudiantes se organizaron para protestar contra el gobierno priista de Gustavo Díaz Ordaz. Era el año de 1968 y estábamos a escasos 10 días de que los Juegos olímpicos fueran inaugurados en el Estadio olímpico de Ciudad Universitaria. Al gobierno no le convenía la imagen que los jóvenes estudiantes mexicanos le podría dar al mundo e incluso, tachó de “comunistas” a todo aquel que estuviera protestando. Se tienen varios documentos que hablan de la barbarie y la violencia con la que actuaron los del batallón Olimpia, la policía secreta, todos ellos encabezados por Luis Echeverría Álvarez, que en el futuro llegaría a ser presidente de este país.
Ese 2 de octubre la vida le cambió a muchas personas, se derivaron cientos de historias que quizá merecerían ser contadas. En ese contexto yo imaginé una historia que, si bien, sucedería en el presente, tendría un origen, precisamente en la plaza de las tres culturas de Tlatelolco.
Muchos de los que vivieron la represión ya no viven, los que sí, siguen teniendo los recuerdos de los policías golpeando a sus amigos, de los judiciales entrando a sus casas, de los francotiradores, de los “civiles” con guantes blancos, de los cuerpos de sus compatriotas y del rojo que tiñó, no solo aquella plaza, sino al país entero. Y, ¿por qué no decirlo? de los noticieros y periódicos de ese tiempo que no hablaron casi nada de lo que había sucedido. Rabia, impotencia y violencia fueron el marco en el que se desarrollaron las olimpiadas de ese año.
Pinche Destino lo empecé a escribir en el 2016, fue un ejercicio en un taller de literatura y escritura que llegó demasiado lejos. Mi intención primaria no era escribir nada formal y mucho menos mi primera novela. Al final, hice el texto, desarrollé la historia, tejí por aquí y por allá. Modifiqué la linea de tiempo hasta que un día me desperté en la madrugada porque había encontrado por fin el título, mismo que debo decir que a nadie de mi círculo cercano le agradó. Al final, como en muchos lapsos de mi vida, fui necio y celebro haberme mantenido firme al elegir el título.
Gracias a Pinche Destino existo, pues las buenas ventas detonaron los recursos para producir varias de mis obras.
Hoy, luego de que la primera edición de 2 mil ejemplares se agotara y de una segunda tirada de 6 mil ejemplares (2 mil pasta blanda y 4 mil pasta dura) de la cuál ya se ha movido un tercio del tiraje, puedo decir que si hubo un antes y un después de este proyecto para mi incipiente carrera de escritor y guionista.
Gracias a todos los lectores que me han respaldado y espero con ansias seguirlo llevando a muchos lugares nuevos del país.
Pinche Destino, ya no es lo que era antes y yo tampoco.
Espero que jamás tropiecen con su Pinche Destino.

Tus comentarios me alimentan el alma.