Todos leemos, todos escribimos, pero no todos somos leídos y por eso, agradezco inmensamente a los que, en estos nueve años, me han apoyado al comprar alguna de mis novelas en prosa o uno de los cómics y novelas gráficas que he publicado. ¡Gracias a ustedes este libro es!
Dejamos nuestra vida en cada letra escrita y en cada palabra leída. No hay tributo más significativo que ese. A través de la escritura, muchos han ejercido su derecho a expresar, aunque sea en privado, todo eso que los carcomía por dentro, todo eso que los estaba matando.
A muchos les da vergüenza mostrar lo que escriben, otros somos más cínicos y hacemos un blog para que cualquiera pueda acceder a lo que pensamos; entonces creemos, erróneamente, que estamos haciendo algo por este pinche mundo.
Este libro te hará 31 mil palabras más viejo. Para bien o para mal soy responsable de un trozo de tu muerte, perdón por ello. En mi defensa debo decir que estos textos me costaron más de la mitad de mi vida. Varios de estos escritos se originaron en mis horas más oscuras y culeras, cuando la náusea me ahogaba y cuando la muerte no parecía una mala idea o cuando algunos alfileres de felicidad sostenían mi presente. Gracias a estos textos sigo vivo, fueron salvavidas por más de 30 años. Hoy ya no los necesito.
Mi madre también es responsable, pues ella me enseñó a leer y a escribir a los 4 años. Ella acaba de cumplir su ciclo en este plano y la tristeza no me ha permitido hacer un texto en su memoria…Laura, se llamaba.
Ella leyó varios de mis libros. Este no lo va a poder leer, pero seguro estoy que, desde donde esté, se las ingeniará para hacerme saber que me sigue apoyando.
Derivado de esas sesiones en las que mi mamá, con la paciencia multiplicada por cero, me enseñó a leer y a escribir, pude poner en papeles el origen de muchos de estos textos con los que nutrí un blog. Por más de 10 años en el escribí (muy mal) muchísimas cosas: vacié mis emociones, evadí la bala de mi Mala Hora y, sobre todo, escupí grandes cantidades de veneno que, de no haberlo hecho, me habrían matado desde adentro.
Hoy he rescatado algunos de esos textos, los he corregido y aumentado y se los traigo como una prueba de vida ya que, gracias a varios de ellos, no sucumbí a la atractiva y conveniente costumbre de poner mi cara de pendejo mientras me cargaba la chingada.
En cada uno de estos textos hay sangre y hay alma, hay cenizas, frustración, confusión y un evidente extravío. También hay recuerdos y dolor, mucho dolor diluido entre estas líneas.
También hay un poco de luz. Hay muchas palabras que no dije a las personas indicadas en el momento adecuado; así que construí con ellas estos textos llenos de catarsis.
Esto no evoca ni añora de ninguna manera al pasado, más bien son logros desbloqueados con los que he ensamblado mi gran Pinche Destino desde el cual, para bien o para mal, hoy gobierno.


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